¿No os ha pasado nunca que cuando llega el Lunes y volvéis al trabajo tras el fin de semana, llega la típica persona que te pregunta: "qué tal... qué has hecho el finde"?
Vale. Hasta aquí todo parece inocente y normal. Pero no os dejéis engañar. Porque esa pregunta va acompañada de mirada intensa con cara de emoción cual Candy Candy y esperando a que le cuentes toda una odisea de acontecimientos que han ocurrido en tu vida en menos de 48 horas porque ESO eso lo que debe pasar según ciertas personas. Y yo, inocente de mi, lo único que quiero contestar a esa pregunta con toda la sinceridad del mundo es: "NADA. Descansar". No sé, llamadme rara.
Entonces, es cuando llega la decepción de tu interlocutor, mirada condescendiente y cara de pena.
Normalmente, me puede la presión y contesto lo que quieren escuchar: historias felices y que mi fin de semana ha sido lo mejor del mundo.
¿Para qué vamos a dramatizar contando que a mí lo que me hace feliz es levantarme sin despertador, desayunar tranquilamente, que mis hijos jueguen sin llegar a unos decibelios denunciables, leer, escuchar música, disfrutar de mi hogar, ver películas, series y escribir algo si tengo suerte?

